Documental peruano Largo Tiempo se estrena en Colombia

El documental peruano Largo Tiempo, que relata el camino y los detalles de la clasificación de Perú al Mundial Rusia 2018 luego de 36 años de ausencia, se estrena en Colombia, precisamente en el Festival Minuto 90 Bogotá.

Esta producción de Media Networks (Movistar) y Kamikaze muestra el drama de los 18 partidos que jugó Perú para llegar a Rusia. Aquí están los goles narrados por la voz de Daniel Peredo, la historia de cómo Paolo Guerrero tomó el liderazgo y la capitanía o por qué Edison Flores tiene el perfil del nuevo jugador peruano y también el retorno de Jefferson Farfán para meter el gol más gritado de la historia del fútbol nacional.

Largo tiempo también cuenta en paralelo qué pasó en el Perú en los 36 años que no pudimos clasificar al Mundial. Terrorismo, crisis económica y corrupción fueron el escenario en el que se acumulaban derrotas y procesos truncos. La película muestra que esta vez algo cambió, porque hubo un líder confiable, Ricardo Gareca, y un grupo comprometido de jugadores que asumió su tarea con pasión y profesionalismo.

Largo Tiempo cuenta con los importantes testimonios de periodistas, especialistas y hombres cercanos a la selección peruana durante los 36 años de espera.

Se proyectará gratuitamente en la Biblioteca Virgilio Barco el jueves 12 de julio (5:15 y 8:00 pm).

EL HINCHA, OTRO REPRESENTANTE PERUANO

El cortometraje peruano El Hincha también estaré en Minuto 90 Bogotá. El mismo cuenta la historia de Inti , un niño de 7 años que, al igual que su ídolo Paolo Guerrero vive la peor tarde de su corta vida, cuando se pierde el partido que podría llevar a la sección de Perú al mundial de fútbol después de 36 años.

Se proyectará gratuitamente en la Biblioteca Virgilio Barco el jueves 12 de julio (4:00 pm), en la Biblioteca Manuel Zapata Olivella el sábado 14 (2:30 pm) y en la Biblioteca Gabriel García Márquez el domingo 15 (2:30 pm).

Festival de Cine de Fútbol Minuto 90 Barranquilla arranca el 30 de mayo

A pocos días de que inicie la gran fiesta del balompié, Barranquilla infla la malla premundialista con ‘Minuto 90: Festival de Cine de Fútbol’. 9 largometrajes, 7 cortos, 6 proyecciones en Sala, 3 con Cinemóvil, 3 localidades del Atlántico impactadas, 6 charlas con cracks y 13 invitados engrosan la formación de uno de los certámenes más importantes de Latinoamérica. De modo que la ‘Casa de la selección’ es el escenario ideal para tender otro puente entre cinefilia y afición, y la Sala Boston de la Cinemateca del Caribe (Cra. 43 No. 63B-107 interior Combarranquilla Boston) servirá de gramado para que corran película y pelota desde el 30 de mayo hasta el 2 de junio en franjas matinal y vespertina. Todo con acceso gratuito.

ALINEACIÓN EN LA CANCHA: Los invitados.

El productor y cineasta Dago García y el actor y guionista Humberto Dorado son dos de los grandes invitados nacionales junto al realizador barranquillero Roberto Flores, el entrenador, director técnico y analista Carlos Ortega Del Río, el exfutbolista y ex técnico Javier Castell y los comunicadores Raúl Correa De Andreis, Alfredo Sabbagh, Óscar Arias y Juan Pablo Osman. Con ellos compartirán Carlos Pérez y María Jimena Jaramillo, de la ‘Fundación Fútbol con corazón’, empresa social que utiliza la pedagogía del fútbol para que niños, niñas y jóvenes tomen mejores decisiones, y Jesús Espinoza, Director de proyectos Minuto 90 Perú.

¡ARRANCA EL RELOJ!: Gala inaugural.

Un homenaje especial a la reconocida ‘Dueña del balón’ en TeleCaribe, Bertica Benedetti de Carbonell, será el justo pretexto durante la inauguración (Mayo 30, 7:00 pm, Plazoleta de Combarranquilla Boston) para volcar la memoria a los tiempos de ‘Fútbol solo fútbol’, recordado programa emitido en el Canal Regional, bajo la conducción de quien se declaró vocera de aficionados y jugadores, y cuyo set de presentación compartió con Abel González Chávez, Andrés Salcedo, Jaime De la Hoz y, el arriba mencionado, Javier Castell. Dorado y García también recibirán merecido tributo en dicho momento por sus aportes desde la producción y la dramaturgia a la afectuosa comunión entre fútbol y cine en el audiovisual nacional.

“Para la Cinemateca resulta muy gratificante haber podido concretar esta alianza con la Asociación Cultural de Fútbol Peruano y poder así ofrecer a los barranquilleros este maravilloso evento, único e innovador a nivel local y nacional que, será sin duda un espacio para disfrutar películas basadas en este deporte capaz de movilizar a pueblos enteros y conocer más acerca del fútbol como herramienta inspiradora y transformadora de realidades”, expresó María Fernanda Morales, Directora de la Cinemateca del Caribe.

Proletarios del mundo uníos

LUIS BAGNOLA/UN CAÑO

Es una época dura. La derecha gobierna la mayor parte de América Latina con sus recetas de siempre mientras que en Europa, partidos neo-fascistas sacan dos dígitos en las elecciones y las expresiones populares pierden espacios. Si hace una década la esperanza había renacido, hoy los pueblos miran el porvenir con una preocupación ya conocida. En este contexto, el final de la temporada de fútbol europeo está a punto de dejar algunas alegrías. Módicas. Pero alegrías al fin. Los tres equipos izquierdistas del viejo continente tienen motivos para celebrar. Y viva por ellos.

Livorno festejoEl primer festejo fue a fines de abril, cuando Livorno logró el ascenso a la Serie B después de dos años en las profundidades de la C. El equipo amaranto empató ante Carrarese en la última fecha y consiguió el objetivo sin necesidad de pasar por el reducido. El estadio Armando Picchi se desató una celebración que tuvo mucho de desahogo, ya que hace solo cuatro años el club estaba en la Serie A, donde está acostumbrado a jugar.

La identificación política de los tifosi los precede. Livorno es el puerto industrial de la Toscana, una ciudad humilde sin las luces de otras localidades del norte italiano. Allí nació el Partido Comunista Italiano en 1921, cinco años después de la fundación del club. Desde ese momento, esta pequeña localidad pesquera se convirtió en el corazón de la izquierda italiana. La Associazione Sportiva Livorno Calcio deambuló por varias categorías y nunca fue noticia por la fortaleza de sus planteles, pero sí por los ideales de sus hinchas.

La banderas del Che y las insignias con la hoz y el martillo poblan las tribunas del Armando Picchi todas las semanas y la parcialidad ha entonado el “Bella ciao” partisano desde mucho tiempo antes de que se convirtiera en moda por una serie de televisión. Hoy no tiene un símbolo dentro de la cancha como Cristiano Lucarelli, pero la gran campaña fue celebrada a lo grande en toda la ciudad. El equipo se mantuvo invicto durante las primeras 14 fechas y ese impulso le alcanzó para ganar el grupo A de la Serie C y volver a la B.

HInchada St. PauliEn Alemania hay otra hinchada izquierdista que está de fiesta. Es quizás la más reconocida como tal del mundo entero. Sankt Pauli es mucho más que un club de fútbol. Es una forma de vivir este juego. Hace poco más de una semana, los Piratas vivieron uno de los días más felices de su vida. Hamburgo SV, el vecino rico y poderoso descendió por primera vez en su historia y la próxima temporada el clásico se disputará en la segunda división, territorio mucho más conocido por los descamisados de St. Pauli.

El equipo tuvo un año poco más que digno. Se salvó del descenso a tercera en las últimas fechas y su mejor momento hasta que el cartel electrónico de Hamburgo en primera volvió a cero fue cuando abrió las instalaciones para que los manifestantes contra la cumbre del G20 tuvieran donde pasar el rato. Es que en St. Pauli la identidad es una cosa seria, institucional. No sólo los hinchas expresan su orgullo por ser anti-fascistas, sino también el club todo. Los festejos por el descenso del acaudalado rival se sucedieron en todos los bares donde habían hinchas de St. Pauli. Y esos son muchos bares.

La última alegría todavía no se consumó, pero como nos podrán sacar todo menos el optimismo, ya la estamos palpitando. En la segunda división española, Rayo Vallecano le lleva cinco puntos de ventaja al tercero cuando quedan seis por disputar. Tuvo la oportunidad de ascender este domingo, pero perdió con Alcorcón y Vallecas deberá esperar para volver a la Liga. Ascienden de forma directa el primero y el segundo y los cuatro siguientes juegan un reducido. El barrio obrero de Madrid está listo para vivir una fiesta merecida. La que ya vivieron sus compañeros de Livorno y St. Pauli. Que así sea.

El color de la realeza

El 30 de noviembre de 1813 fue el día en el que Guillermo I dijo basta. La playa de Scheveningen recibió al príncipe de la casa de los Orange-Nassau, futuro monarca del incipiente Reino de los Países Bajos. Era el hombre que debía poner los puntos sobre las íes para reconducir la historia de su país. El mismo país que no había pisado en sus últimos 18 años tras la invasión de las tropas napoleónicas a sus tierras y que había llevado a la Casa Real hasta el ostracismo del exilio.

Hacía casi dos siglos desde que el naranja que representa a la casa de los Orange-Nassau había ido desapareciendo paulatinamente de los colores de la bandera neerlandesa. ¿El motivo? Ni el naranja ni el azul celeste eran excesivamente visibles en las batallas libradas en altamar, por lo que poco a poco el rojo y el azul marino fueron adquiriendo protagonismo. Simbolizando el primero la sangre que derramaron quienes lucharon por el país y el otro en referencia a los ríos, lagos y mares que se extienden por el territorio holandés, unidos al blanco distintivo de la paz. Aunque no fue hasta el 19 de febrero de 1937 cuando la reina Guillermina, bisnieta de Guillermo I, decidió adoptar definitivamente la nueva bandera con carácter oficial. El naranja daba un paso al costado en su particular lucha con el rojo por representar a su querida Holanda después de 300 años de convivencia.

Eso sí, no se podía despedir así como así. No se lo merecía, ni mucho menos. Les había honrado a todos y cada uno de ellos en las buenas y en las no tan buenas. El naranja es más holandés que los tulipanes, las bicis, los molinos o que cualquier sustancia psicotrópica que se pasee por las calles de Ámsterdam con la tranquilidad y el sosiego que le permite saberse legal por aquellos lares y que tanto atractivo le da a la capital del país entre el turismo juvenil. Entonces buscaron el lugar apropiado para que continuara siendo visible, para que se le siguiera reconociendo como símbolo neerlandés allá por donde luciera. Y la clavaron. Encontraron ese sitio en la camiseta que les une a todos, la que no entiende de enemistades ni rivalidades, la camiseta de la selección nacional de fútbol.

Ha sido protagonista del Fútbol Total de Rinus Michels y Johan Cruyff que revolucionó este deporte en los años 70. Ha vivido tres finales de la Copa del Mundo, aunque por desgracia ninguna tuvo final feliz para los holandeses. Quizá el rojo le quitara el sitio en las banderas, pero, ¿qué más da? El naranja manda cuando rueda la pelota.

El canto antisemita del fútbol

IGOR PASKUAL/REVISTA LÍBERO

¿Cómo nace una identidad? Mejor dicho, ¿Cuál es nuestra identidad? ¿La escogemos nosotros? ¿Es nuestro idioma el que hablan nuestros padres, el de las canciones que escuchamos o el que decidimos hablar? Muchas veces, adoptamos una identidad que, en principio, no pertenece a nuestro contexto directo, pero que es tan valida tan propia como si fuera “natural”. Casi todo es aprendido. Se aprende a ser asturiano, español, catalán. O judío. Y hay muchas maneras de serlo. El fútbol es un gran ejemplo. Podemos sentir como propio a un equipo inglés o adoptar una identidad obrera siendo del Rayo. Uno de los casos más llamativos en el fútbol es el hecho de que algunos aficionados han adoptado la identidad judía. Es el caso de los seguidores del Tottenham inglés y, sobre todo, del Ajax, que sin tener más seguidores judíos que otros equipos de la ciudad es considerado el equipo judío de Holanda. El caso es que, a partir de los años 70, con la violencia creciendo en las gradas, el resto de equipos comenzaron a lanzar insultos antisemitas a los seguidores del Ajax. Es cierto que en Amsterdam era donde vivían los judíos holandeses, pero no eran necesariamente del Ajax.

Algunos aficionados ajacieds, cómo reacción, empezaron a apropiarse del supuesto insulto, llamándose a sí mismos “Judios”. Emplearon el mismo método que luego usarían las Bikini Kill durante sus conciertos. Se escribían en el cuerpo los insultos que les llamaban (“puta”, “zorra”), transformando el veneno en antídoto. Así que durante los partidos del Ajax no sólo se lucen banderas con la estrella de David sino que también se canta el Hava Nagila, la canción judía más popular del mundo. Se trata de una melodía originaria de principios del XIX, nacida en la comunidad hasídica de Sadigora, actual Ucrania. El etnomusicólogo judío, Abraham Idesohn, se encargó de buscarle en 1915 una letra que finalmente se inspiró en el Salmo 11:24. Su éxito fue tan grande, que no sólo forma parte importante en las danzas circulares hebreas (hora) sino que ha sido grabada por artistas como Raphael, Celia Cruz o Elvis. Su melodía, como el Cant dells ocells catalán, puede ser alegre o melancólica, según a la velocidad a la que se interprete. Por supuesto, Hava Nagila también suena en el campo de los Spurs, que se llaman a sí mismo “Jids”, es decir judío de forma muy despectiva. Pero es que en UK siempre han sido muy punks. •

‘Hava Nagila’
Música: principios del XIX
Letra: A. Idelsohn (1915)

Hava nagila
Hava nagila
Hava nagila ve-nismeha
Hava neranenah
Hava neranenah
Hava neranenah ve-nismeha
Uru, uru ahim!
Uru ahim be-lev sameah
Uru ahim, uru ahim!
Be-lev sameah

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Vamos a alegrarnos
Vamos a alegrarnos
Vamos a alegrarnos y ser felices
Vamos a cantar
Vamos a cantar
Vamos a cantar y ser felices
Despertad, despertad, hermanos!
Despertad hermanos con el corazón feliz
Despertad, despertad, despertad, hermanos!
Con el corazón feliz.

El gol más bonito de la historia

ARNAU SEGURA/PANENKA

La gran mayoría de las declaraciones reproducidas en este artículo están extraídas de un magnífico artículo de FourFourTwo en el que Joe Thompson narra su vida en primera persona.

La grandeza del fútbol radica en que, tal y como sucede con el arte moderno, no todo es siempre lo que parece en primera instancia. A veces, lo que se esconde detrás de un gol aparentemente normal, de esos que se cuentan por millares en los exhaustivos resúmenes de los fines de semana, es extraordinariamente hermoso. Es el caso del tanto que anotó el sábado pasado Joe Thompson. Después de una jugada embarullada, el centrocampista del Rochdale Football Club inglés recogió un balón muerto dentro del área, se perfiló y conectó un chut raso con su pierna izquierda que entró en la portería del Charlton Athletic. Fue, quizás, uno de los goles más bonitos de la historia del balompié; no por el tanto en sí ni porque sirvió para salvar al humilde conjunto del Spotland Stadium del descenso a la League Two en la última jornada, sino porque suponía el premio al esfuerzo, constante e incansable, de Joe Thompson en su lucha para dejar atrás dos cánceres en cinco años.

El actual ’15’ del Dale nació en 1989 en el seno de una familia desestructurada. Su padre era adicto a las drogas; mientras que su madre fue diagnosticada de un severo trastorno bipolar cuando Thompson tan solo era un niño de ocho años.


“Él tomó el camino equivocado y se enganchó a las drogas duras. Creo que ha pasado 12 de los últimos 20 años entre rejas, y se ha perdido el vernos a mí y a mi hermano lograr cosas maravillosas en la vida. Cuando ha estado fuera de la cárcel, siempre le ha resultado difícil volver a adaptarse a la vida normal. La gente, las tiendas y los pubs que conocía hace 20 años ya no existen. No estoy tratando de justificar su comportamiento, pero trato de comprenderlo”.

“Mi madre a menudo nos despertaba a las cuatro de la madrugada y nos pedía que nos pusiéramos el uniforme escolar porque sabía que no siempre era capaz de hacerlo por la mañana. Unas tres o cuatro horas más tarde nos despertábamos de nuevo, almorzábamos cereales y salíamos por la puerta de casa. Recuerdo perfectamente el día en el que ella ingresó en un hospital psiquiátrico, aunque yo era demasiado joven para entender lo que estaba pasando. Durante un tiempo, los vecinos que vivían en los pisos superiores e inferiores se hicieron cargo de mi hermano y de mí”.

“Poco después de que ingresaran a mi madre, nos mudamos a Mánchester para vivir con mi tía. Era una ciudad que siempre me había encantado, pero adaptarse a vivir en un lugar nuevo no fue nada fácil. En la calle a veces me llamaban mono o paki, pero nunca quise discutir con idiotas”.

Con todo, Thompson encontró en el balompié, ese deporte que nunca había practicado porque siempre se había inclinado por el atletismo, un refugio; una herramienta extremadamente útil para integrarse en la ciudad, para colmar su necesidad de “ser parte de algo”. Comenzó destacando en un equipo menor, hasta que el mismísimo Manchester United le descubrió en un torneo de fútbol-5 cuando todavía tenía nueve años y decidió apostar por él, que recibió asombrado una de las mejores noticias de su todavía corta existencia. Al lado de futbolistas que han acabado siendo internacionales y compitiendo en la Premier League como el galés James Chester o los ingleses Danny Drinkwater y Tom Cleverley; Joe incluso pudo defender la camiseta de los Red Devils en varios torneos internacionales de categorías inferiores. “En la escuela, el fútbol me fue convirtiendo lentamente de un extraño a uno más de la pandilla. Recibí muchas palmaditas en la espalda, y me gané el respeto de mis compañeros. De repente, empecé a mostrar un aire de arrogancia y de confianza ante cualquier situación porque sabía que era bueno en alguna cosa”, recuerda el futbolista de Rochdale en el mencionado reportaje de FourFourTwo.

Para Thompson, el sueño se esfumó de repente a los 16 años. Fue entonces cuando el United le comunicó que ya no contaba con él, aquella noticia que todos los jóvenes futbolistas temen. “Mis entrenadores, Paul McGuinness y Tony Whelan, llamaron a mi madre y le dijeron que no me iban a ofrecer un contrato. Aquella noticia fue difícil de digerir, tanto que no se lo expliqué a ninguno de mis amigos hasta que habían pasado al menos dos semanas. Siempre había sido un ganador, el mejor en fútbol, atletismo y baloncesto; pero ahora me sentía un perdedor. Aún quería ser futbolista profesional, pero la confianza en mí mismo había quedado muy tocada”, reconoce un Thompson que, tras no convencer al Blackburn Rovers y el Liverpool, recaló en el Rochdale.

Después de una infancia verdaderamente complicada, Joe encontró por fin la estabilidad que tanto había buscado en el Dale, que por aquel entonces competía en la cuarta división del fútbol inglés. Tras debutar con el primer equipo a los 17 años, vivió seis años “felices” en un Rochdale que, con Thompson como uno de sus futbolistas más destacados, ascendió a la League One en la temporada 09-10. En 2012, con dos buenos cursos en la categoría de bronce como aval, se incorporó a las filas del Tranmere Rovers.

Su trayectoria, la de un jugador joven y prometedor, se truncó de forma fatal el año siguiente. Empezó entonces el cruel infierno personal de Joe Thompson, al que los médicos le diagnosticaron un linfoma de Hodgkin con esclerosis nodular, “un tipo extraño de cáncer que se desarrolla en las glándulas y los vasos sanguíneos y que se va extendiendo por todo el cuerpo”.


“Empecé a investigar los síntomas del cáncer por internet, y los cumplía todos. Por las noches sudaba tan intensamente que mi cama parecía una piscina”.

“Me senté en la consulta del médico, y supe que eran malas noticias por la expresión de su rostro. Me pareció que las paredes se derrumbaban a mi alrededor. Estaba en shock, no podía creer lo que le había sucedido a mi vida en cuestión de minutos. ¿Qué le iba a pasar a mi carrera? Todavía me quedaba un año de contrato y una familia joven para mantener. ¿Viviría o moriría? ¿Por qué a mí? Todos estos pensamientos inundaban mi cabeza mientras mis lágrimas recorrían mi rostro en el viaje de regreso hacia casa”.

 “Me sentía como si me hubieran disparado con las manos atadas detrás de la espalda. Estaba exhausto y me faltaba el aliento. Notaba como una serpiente alrededor de mi cuello, envolviéndome lentamente”.

“Tan solo tenía 24 años, así que me pusieron en el mismo sitio que los niños pequeños. Teniendo un hijo propio no me sentía nada cómodo ahí, pero decidí tratar de ser alguien a quien admirar”.


Con todo, con el convencimiento de que “era una batalla que estaba decidido a ganar”, Joe venció al cáncer tras nueve meses de ardua batalla. “Sentí que me habían dado una segunda oportunidad, pero tenía por delante un futuro incierto”. Y es que, en un movimiento que le hizo descubrir a Thompson “lo despiadado que es este deporte”, el Tranmere Rovers decidió no renovarle su contrato (“Ni siquiera hubo una oferta para regresar y entrenar con ellos para estar en mejor forma”). Pero la lucha contra el cáncer le había dado al futbolista un “impulso de confianza” de tal calibre que le impidió rendirse en su empeño de volver a sentirse profesional. “No era un anciano de 77 años, estaba convencido de que podía conseguirlo. Sabía que cualquier dolor que pudiera sentir en el terreno de juego no sería nada comparado con la quimioterapia”, remarca en FourFourTwo.

Finalmente, después de pasar por el Bury y el Carlisle United de la League Two y por el Wrexham y el Southport de la Conference Premier en tan solo dos años y de superar las reticencias iniciales (“Mi agente me sugirió volver al Rochdale, pero al principio me mostré reacio. No quería arriesgarme a decepcionar al club en el que había vivido mis mejores momentos…”); Thompson regresó al humilde equipo del Spotland Stadium en 2016. La historia era perfecta: después de superar el drama de un cáncer, Joe volvía a enfundarse la camiseta del equipo en el que había alcanzado su cénit; del conjunto de la ciudad en la que había crecido. Pero en marzo de 2017, con su vida felizmente rehecha y reencaminada, todo se volvió a romper cuando le detectaron un segundo cáncer en un control rutinario.


“Sentí mucha ira. Quería destrozar la consulta y salir corriendo. Era el fin del mundo. La primera vez que me diagnosticaron el cáncer me sorprendió, pero esta vez tenía miedo”.

“La familia y los compañeros seguían visitándome para ayudarme a mantener el ánimo, pero todo me recordaba que la muerte era una posibilidad muy real. Había un hombre que estaba fatal. No comía, y el tratamiento no le estaba funcionando. Los doctores le dieron la opción de quedarse en el hospital o irse a casa para morir”.

“Pasaban por mi cabeza todo tipo de pensamientos. Miraba el Snapchat y veía a mis amigos de vacaciones. ¿Había vivido ya mis últimas vacaciones? ¿Viviría para celebrar otro cumpleaños? Estaba bordeando la locura, era una sombra de mi yo normal… Recuerdo haber despertado una mañana temblando como Gollum en la esquina de la habitación. Había tenido alucinaciones durante una pesadilla”.

“Celebré el primer aniversario de mi boda acurrucado con mi esposa en una cama de hospital mirando Love Island, como un par de adolescentes. No era exactamente como me había imaginado hacerlo, pero al menos estábamos juntos”.

“Mi hija pensaba que todo iría bien porque estaba en un hospital, que los médicos se asegurarían de que volvería a estar bien. No tuve el corazón para decirle que no todos los que entran en un hospital salen vivos”.

Pero Thompson, resiliente e incansable, había decidido que volvería a superar el maldito cáncer. “Lucharé contra este obstáculo con la misma convicción, con el mismo coraje y con las mismas ganas que en mi batalla anterior. Remonté un gol en contra no solo para empatar, sino para ponerme por delante. Hoy empieza mi lucha para conseguir la victoria. Puedo asegurarles que obtendré la victoria más importante de todos los tiempos”, afirmaba en marzo del año pasado, en el comunicado con el que el Rochdale informó de su maltrecho estado de salud. Completamente convencido de que volvería a pisar un campo de fútbol (“Creo que, para soportar el trabajo duro y los días oscuros, necesitas ver una zanahoria al final del camino, un poco de luz al final del túnel”, afirmó en la BBC), Joe venció al cáncer y a la depresión, recuperó el pelo y el peso e inició, por fin, el largo proceso de recuperación.

Finalmente, tras varios meses dando conferencias motivacionales (“Pep Guardiola me deseó lo mejor cuando di una charla para la academia del Manchester City. No podía creer que supiera mi nombre…”) y trabajando en silencio debajo del “Don’t make excuses, make results” que pregona el techo del gimnasio del Rochdale; Thompson volvió a sonreír el 23 de diciembre, el día en el que, en un partido contra el Walsall, volvió a sentirse futbolista. Caminó por el túnel que, adornado con un emotivo “Time to believe”, conecta los vestuarios con el césped del Spotland Stadium y se sentó en el banquillo; hasta que en el minuto 72 del encuentro Keith Hill recurrió a él para tratar de certificar una victoria vital para mantener vivas las pocas opciones que tenía el Dale de lograr la permanencia en la League One. “He trabajado mucho de puertas hacia adentro. Estoy encantado de haber vuelto a los terrenos de juego”, reconoció entonces en los micrófonos de BBC Radio Manchester un orgulloso Thompson.

El precioso epílogo de la conmovedora historia de Joe Thompson se escribió el sábado pasado, 361 días después de que empezara los tratamientos de quimioterapia para superar por segunda vez un linfoma de Hodgkin con esclerosis nodular. En la última jornada de la League One, el Rochdale, inmerso en posiciones de descenso, tenía que vencer al Charlton Athletic en casa y esperar que el Oldham Athletic no ganara en el campo del Northampton Town para poder mantener la categoría. En el minuto 67, con los dos encuentros empatados (0-0 y 2-2, respectivamente), Keith Hill miró hacia al banquillo y decidió dar entrada al ‘15’ del Dale para intentar conseguir el gol que les faltaba para conseguir la permanencia en la tercera división del balompié inglés. Tan solo dos minutos después, Joe cazó un balón muerto en el área visitante y estampó su firma en el tanto de la salvación para el conjunto del Spotland Stadium. A sus 29 años, Thompson, que celebró su 197º encuentro oficial con el Rochdale con el galardón al Man Of The Match, acababa de encontrar el premio más inesperado a su encomiable esfuerzo, a sus inquebrantables ganas de vivir y de hacer felices a los suyos.I’m over the moon. Quizás estaba escrito en las estrellas, en el destino… Nunca lo tuve fácil. Mi madre me inculcó que siempre tienes que intentar sacar lo mejor de una situación mala, que tienes que tratar de jugar tan bien como puedas con las cartas que te reparte la vida”, remarcaba, eufórico, el centrocampista en BBC Radio Manchester“Los cuentos de hadas existen. Ha sido un momento increíble. Todo el dolor y los días oscuros han valido la pena solo por ese pequeño instante…”, concluía el incuestionable protagonista del fin de semana, el gran héroe de la exultante afición del Rochdale. Y, a través de las redes sociales, añadía: “¡Es por todo esto que al fútbol lo llamamos ‘the beautiful game’! Los recuerdos pueden mantener vivo a cualquier hombre; valora cada momento. Me gustaría dedicar este gol a todas las personas que han sufrido un cáncer, especialmente a las que lo están haciendo ahora mismo. ¡Siempre hay un rayo de esperanza! Agárrenlo, mantengan la cabeza en alto y sigan siendo positivos”.

Es difícil encontrar las palabras para concluir un artículo sobre una figura como la de Joe Thompson, la de un futbolista que después de ganar dos veces al cáncer sigue sonriendo. “Mi hija cree que soy un superhéroe”, admitía, entre risas, el ‘15’ del Rochdale en una entrevista. Quizás esto es justo lo que es: uno de esos héroes sin capa que, desde el silencioso anonimato, provocan la admiración del mundo entero con sus actos; que, conscientes de lo impredecibles e injustos que pueden ser tanto la vida como el balompié, intentan disfrutar de la vida con la certeza de que si uno vive cada día como si fuera el último, algún día tendrá razón. Tal y como decía Steve Jobs en un discurso imprescindible, “recordar que vas a morir es la mejor manera para evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo; no hay ninguna razón para no seguir a tu corazón”.

La élite de los irresponsables

FRANCO TORCHIA/PRESENTES

Hoy amanecí en taxi. Sonaba el programa de radio de Ernesto Tenembaum, “¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?”, en Radio Con Vos. Justito, el conductor confesaba no haber visto “el spot”. A esta altura, el video institucional de la señal deportiva TyC Sports por el inminente comienzo del Mundial de Fútbol de Rusia 2018 es “EL” spot. El único. Por eso, en el ciclo pusieron al aire el audio de esa pieza publicitaria y procedieron al debate. Expusieron todes los profesionales menos Gustavo Grabia, el periodista especializado en deportes (y hasta donde entiendo, enfáticamente dedicado desde hace tiempo ya a la investigación sobre barras bravas, conexiones políticas y violencias en los estadios argentinos). El silencio de Grabia -integrante de un show del canal en cuestión y señalado hace días por haber revelado al aire nombres de víctimas de abusos sexuales en un club de primera división- colabora con una interpretación posible, horas después del delito cometido por las empresas responsables de la producción del aviso.

Al fútbol y a la publicidad, en los últimos (por lo menos) 20 años de historia, no les pasó nada. Ninguna fuerza social, ningún avance normativo, ningún giro y sobre todo, ninguna simulación. Son dos zonas poderosísimas de la sociedad que no necesitan siquiera fingir adecuación o asumir compromisos públicos. Cuando bajé del taxi, recordé una categoría que Umberto Eco acuñó en Apocalípticos e integrados. Como ese trabajo, como Umberto Eco, como el fútbol y como la publicidad, apelé al pretérito perfecto, al tiempo muerto, a 1964, a la antigüedad: Eco utiliza allí la expresión “élite de los irresponsables”. ¿Quiénes la integran?

Decir lo que sea y sin consecuencias

Salió el sol en Buenos Aires y me sentí por ende cargado de licencias: bueno, me dije, a la “élite de los irresponsables” la deben integrar los futbolistas, casi todos los publicistas, Tévez y la muñeca torcida de su hijo varón; Fuerte Apache sugerido como campo de concentración checheno para ese niño; TyC desestimando el año pasado las denuncias sobre violación que hicieron dos chicas contra estrellas de Boca Juniors; Lionel Messi instigando al resto del Seleccionado a dedicarle en el vestuario la clasificación para el campeonato mundial “a los putos periodistas” y Gustavo Grabia otorgando al callar; alzando la voz para denunciar a Pablo Moyano en Independiente y en mutismo total ante estos crímenes de la comunicación pública.

Ellos son quienes, creo, gozan del beneficio de la irresponsabilidad y habitan una comunidad lingüística sin restricciones. Decir lo que sea y sin consecuencias (borrar el spot no implica consecuencia efectiva ni mucho menos, condena). La ficción tampoco tiene restricciones, pero si algo le ha ocurrido a la literatura y al cine con sus actas de defunción, es que esos decesos le vienen decretados por la propaganda, en cualquiera de sus soportes.

Mala praxis y sueltos

Sthéphane Mallarmé en “Un golpe de dados jamás abolirá el azar” (1897) rompió la lengua; la multinacional publicitaria McAnn no. La publicidad es, de base, la muerte de toda posibilidad de explotación liberadora del lenguaje, en tanto y en cuanto siempre tiene que decir algo. Antes, durante o después, el mensaje publicitario está atado una mención obligatoria, exhortativa y orientadora. Es por esta razón que “decir lo que se les canta” no aplica. No pueden ni deben, como sí puede la poesía. Y es precisamente entonces porque no están amparados en el desamparo de la literatura que deben ser sometidos a proceso. Mala praxis, pero allí están y estarán, sueltos.

Artículo publicado en en el muy recomendable portal de la agencia  PRESENTES

 

“Maradona fue mi sepulturero”

REVISTA LÍBERO

Puede que pasen treinta años mas y se seguirá hablando de la ‘Mano de Dios’ como el suceso más increíble de la historia del fútbol. Al menos, queda claro que es del que más se ha hablado y aún hoy salen informaciones de todo lo que rodeó a aquel tanto. Según se publica en Inglaterra estos días, a través de informaciones de The Sun, la viuda del asistente (por aquel entonces llamado juez de línea) reconoce que aquel hecho arruinó la vida de su marido, Bogdan Dochev quien admitió en 2014 que si vio como Maradona tocaba con la mano la pelota. Dochev, que falleció en 2017, argumentó que el fallo no fue responsabilidad suya ya que la última decisión la tenía que tomar el árbitro principal.

BIN NASSER LE HABÍA DICHO A SU MARIDO ANTES DEL PARTIDO QUE “NO TIENES QUE HACER NINGÚN TRABAJO; SERÁN TODAS MIS DECISIONES”

Se da la circunstancia que el reglamento de la FIFA en aquel momento decía que sólo en caso de que el árbitro principal preguntase al asistente, éste debía señalar mano o no. No hubo tal consulta y ese argumento es el que señalaba Dochev para no sentirse el principal culpable de aquel error. Después de indicar la mano, las imágenes de televisión mostraron al árbitro tunecino Bin Nasser corriendo lentamente hacia atrás hacia el centro del campo y mirando a Dochev. El búlgaro, sin embargo, no ondeó su bandera y se quedó absolutamente quieto. La mujer del juez de línea, de nombre Emily, asegura que Bin Nasser le había dicho a su marido antes del partido que “no tienes que hacer ningún trabajo; serán todas mis decisiones”. “Nunca le perdonaré a ese árbitro y nunca lo perdonaré a Diego Maradona”, dijo, según The Sun. La complejidad de la jugada fue tal que Bilardo, técnico de argentino, confesó en 2015 al periodista español y colaborador de Líbero Àlex De Llano lo sucedido poco después: “Al terminar el partido, los periodistas preguntaron por el gol con la mano. Vi el gol en el campo y respondí ¿cómo con la mano?”.

LO MAS CURIOSO ES LA FRASE QUE ESCRIBIÓ DOCHEV EN EL REVERSO DE UNA FOTO DE MARADONA CON LAS SIGUIENTES PALABRAS: “MARADONA FUE MI SEPULTURERO”

Un ejemplo claro que respalda el argumento de la viuda es cuando en 1966, el árbitro del partido del famoso gol de Inglaterra a Alemania, si que se dirige al asistente cara a cara y el juez de línea asiente con la cabeza. Esto no sucedió en 1986 y eso despertó muchas versiones de a quien cargar la culpa. Lo mas curioso es la frase que escribió Dochev en el reverso de una foto de Maradona con las siguientes palabras: “Maradona fue mi sepulturero”. Después de lo sucedido, su familia califica su vida como una ruina por culpa del Bin Nasser y de la picardía del Diego.

Justin Fashanu: el césped como cárcel

RODRIGO MARCIEL/REVISTA LÍBERO

Los psicólogos aseguran que los miedos internos suelen aparecer con fuerza si además, como suele ocurrir, llevan años dentro del cerebro de una persona. El silencio que les atrapa provoca mucho ruido cuando sus íntimos ya dejaron de estar cerca y es tarde para escuchar. En el mundo del deporte solemos situar a una estrella como alguien incapaz de sufrir, de pasar por malos momentos. Incluso es apartado sin que solo se sepa su dolor en el tramo final de su carrera. No hablamos de enfermedades, como en su caso fue el suicidio de Robert Enke en 2009 tras años de depresiones. Tampoco de miedo al fracaso profesional sino de un hecho que no permitió vivir en libertad a un jugador de la élite del fútbol inglés.

Un garaje como metáfora final de una carrera y sobre todo de una vida que pocos entendieron. Un lugar donde empiezan muchos recorridos pero fue en esta ocasión el sitio que eligió nuestro protagonista para dar un paso atrás definitivo. Justin Fashanu fue un jugador inglés que empezó a destacar con fuerza en las categorías inferiores del Norwich City a finales de los 70. Hermano de otro futbolista, John, hijos ambos de padres nigerianos. Era la época en la que no hacía mucho que había triunfado el Leeds de Don Revie. Un equipo que destacaba por su dureza, lleno de tipos fuertes y con el clásico carácter del vetusto fútbol británico. En la temporada 80-81, Fashanu consigue cerrar el traspaso más importante de su vida, irrumpe una nueva joya con aire fresco en el balompié inglés.

Había marcado 19 goles, uno de ellos elegido el mejor del año, y el gran Nottingham Forest llamó a su puerta para pagar un millón de libras. Cantidad nunca pagada por un jugador británico aterrizando en un lugar donde se cruzó con Brian Clough como manager. Clough, famoso en aquella etapa por su laborismo en contra de Margaret Thatcher, presumía de fichaje en medio de sus mejores años como técnico. Un Forest que había asombrado a medio mundo con sólo una Liga (1978) y justo después dos Copas de Europa consecutivas (1979 y 1980). Sin embargo, su fútbol moderno y vistoso no coincidía con algunas lagunas sociales de su entrenador.

“Si quieres una barra de pan, ¿Dónde vas? Al panadero, supongo. Si quieres una pierna de cordero, al carnicero. Entonces, ¿Por qué sigues yendo a esos malditos clubs de maricones?”

Los rumores sobre su vida personal empezaron a agobiar a Fashanu. Los gritos de ‘maricón, maricón’ y sus salidas nocturnas marcaban el día a día en los terrenos de juego. Clough, a pesar de ser simpatizante de la izquierda, se mostró intolerante con su jugador y así lo reconoció, arrepentido, en su autobiografía: “Si quieres una barra de pan, ¿Dónde vas? Al panadero, supongo. Si quieres una pierna de cordero, al carnicero. Entonces, ¿Por qué sigues yendo a esos malditos clubs de maricones?”, dijo Clough a Fashanu en el vestuario. Su camino para triunfar empezaba a estar minado en un lugar, el deporte de élite, donde confesar la homosexualidad, o al menos que sea un secreto a voces, puede suponer aún hoy en día una triste sentencia a una carrera.

Fashanu duró año y medio en el Nottingham. Su rendimiento en el terreno de juego estuvo lejos del millón que invirtió el Forest. “Ser negro ya era difícil y si a ello le sumas ser gay era aún más”, confesó en un reportaje televisivo su hermano John. La infancia de ambos tampoco ayudó ya que sus padres tuvieron que abandonar Inglaterra por problemas económicos cuando tenían cinco y seis años respectivamente. La vida de Justin Fashanu cambió para siempre cuando dejó el equipo de Clough. Su traspaso ya sólo costó 150.000 libras al Notts County, también de Nottingham, donde el declive ya era un hecho. Recurrió a un monasterio como vía de escape y es allí donde llega a dar sermones r intenta buscar respuestas a su vida.

Fashanu era como un barco atado a una piedra decían sus íntimos. Todo en su vida empezó a ser inestable. Lesiones de rodilla, despilfarro de dinero, accidentes de coche, salidas nocturnas y todo pasando por numerosos clubes de Inglaterra y Estados Unidos. En 1990, decide confesar su homosexualidad a The Sun, el tabloide más conocido de Reino Unido. Fashanu se deja ver en los medios e incluso cuenta que tuvo relaciones sexuales con dos ministros conservadores de la época. Años después confesó haber mentido sobre aquellas relaciones con políticos y pone rumbo de nuevo a Estados Unidos para ser entrenador.

“Me he dado cuenta de que ya he sido declarado culpable. No quiero dar más preocupaciones a mi familia y a mis amigos. Espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida; al final en él encontraré la paz que nunca tuve”

En 1998, Fashanu es acusado de abuso sexual por un joven al que entrenaba en Maryland. Su vida ya estaba tan lejos del césped como lejos estuvo la comprensión de aquellos que le rodearon en sus inicios como profesional. Un 2 de mayo de 1998, con 37 años, Fashanu se suicida en un garaje de Londres donde deja una nota: “Me he dado cuenta de que ya he sido declarado culpable. No quiero dar más preocupaciones a mi familia y a mis amigos. Espero que el Jesús que amo me dé la bienvenida; al final en él encontraré la paz que nunca tuve”. Quizás aquellas palabras de Clough y otros muchos gestos vacíos fueron la semilla que hizo crecer una vida difícil. El deporte de hoy sigue en deuda con personas como Justin Fashanu. Pasará a la historia por ser el primer gay de la historia del fútbol en confesarlo pero, ni mucho menos, en serlo.